Serafín Sa, expresidente de la Asociación de Vecinos Nos de San Pedro-Cimadevila.

Tras seis años y medio al frente de la Asociación de Vecinos Nos de Cangas, y tres décadas en su directiva, su ya expresidente, Serafín Sa, hace balance de una etapa marcada por la lucha por el saneamiento, la defensa de los servicios públicos y una intensa actividad reivindicativa. Reconoce avances importantes, pero también lamenta la falta de coordinación entre administraciones y las promesas incumplidas. El pasado mes de junio cedió el testigo a María del Carmen Paredes, la que era su número dos. Eso sí, reconoce que nunca se desvinculará del colectivo, eso sí, ahora como un vecino más.

– ¿Ha sido difícil tomar la decisión de dejar la presidencia?

-. Sí, porque cuando uno lleva tantos años implicado cuesta dar un paso al lado. Pero también creo que las asociaciones necesitan renovarse y que entren personas nuevas con ganas e ideas diferentes. Estoy muy tranquilo porque queda un equipo preparado y comprometido. La nueva presidenta cuenta con todo mi apoyo y creo que la asociación queda en buenas manos.

– ¿Eso significa una retirada definitiva?

– No. Dejo la presidencia, pero no dejo de ser vecino. Si la nueva directiva necesita mi ayuda para cualquier gestión o para aportar mi experiencia, ahí estaré. Lo que ya no haré será asumir el trabajo diario ni la responsabilidad que supone estar al frente de la asociación.

– Después de tantos años, ¿ha merecido la pena?

– Sí, a pesar del desgaste. Ha habido momentos muy duros y muchas frustraciones porque siempre piensas que podrías haber conseguido más cosas. Pero cuando ves que proyectos por los que llevabas luchando veinte años empiezan a hacerse realidad, entiendes que el esfuerzo no fue inútil. Ojalá las administraciones facilitaran más el trabajo de las asociaciones y entendieran que no somos un problema, sino colaboradores que conocen de primera mano las necesidades de los barrios.

El asociacionismo sigue siendo imprescindible. Es la mejor herramienta que tienen los vecinos para defender sus intereses. Mi deseo es que cada vez haya más personas dispuestas a implicarse, porque solo así se consiguen mejorar los lugares donde vivimos.

– Uno de sus logros, junto con las otras asociaciones implicadas, fue la primera fase de la senda Herbello-A Magdalena…

– Sí, y eso es probablemente la mayor satisfacción que me llevo. Después de más de dos décadas de reivindicaciones conseguimos que empezaran unas obras fundamentales para la zona, tanto en saneamiento como en seguridad. El de la EP-1002 es un proyecto por el que lucharon varias directivas antes que nosotros y que, por fin, empezó a hacerse realidad. Nadie puede decir que haya sido un camino fácil. Fueron muchos años de reuniones, escritos, reclamaciones y conversaciones con distintas administraciones hasta lograr desbloquear la situación.

La Diputación siempre nos trasladó que necesitaba que fuese el Concello quien definiera las obras prioritarias para poder seguir avanzando. Nosotros no queríamos que el municipio siguiera perdiendo subvenciones por la falta de acuerdo entre administraciones. Por eso decidimos actuar.

– ¿Se sintieron engañados?

– Lo que más me molesta no es que una obra se retrase porque puedan surgir imprevistos. Lo que molesta es que se hagan promesas concretas y luego nadie dé explicaciones. Lo único que pedíamos era sinceridad.

– ¿Qué hizo la asociación?

– Presentamos un escrito tanto al Concello como a la Diputación solicitando que se impulsaran simultáneamente los tres proyectos pendientes. Nos reunimos con técnicos municipales, con arquitectos y con responsables de la Diputación para intentar desbloquear la situación. En apenas cinco meses conseguimos que se completaran todos los trámites técnicos necesarios para que la primera fase de esos proyectos pudieran seguir adelante. Fue un trabajo muy intenso de la asociación. A partir de ahí, ya correspondía a las administraciones continuar con el procedimiento.

– ¿Por qué cree que esta reivindicación tardó tantos años en materializarse?

– Porque durante mucho tiempo no existió una estrategia conjunta. Cada zona defendía sus propios intereses por separado y así era muy difícil conseguir resultados. Además, hubo condicionantes relacionados con la Comunidad de Montes que retrasaron el proyecto durante bastante tiempo. Personalmente nunca entendí que una actuación beneficiosa para los vecinos y para los propios comuneros pudiera quedar paralizada durante años. A esto se sumó que este gobierno tan solo se reunió en una ocasión con la Diputación por esta obra frente a las numerosas que mantuvimos durante el mandato de la exacaldesa Victoria Portas.

– Aun faltan dos tramos más ¿llegarán a ejecutarse?

– Lo que tiene que hacer el Concello es pedir que se ejecuten, igual que hizo con la senda de O Hío. Cuando el Concello impulsa un proyecto y lo solicita, la Diputación lo puede ejecutar.

– ¿Por qué cree que solicita O Hío y no A Magdalena-Herbello?

– Entiendo que políticamente le conviene más…

– Otro de los asuntos recurrentes en sus reivindicaciones ha sido la limpieza.

– Es uno de los problemas que más quejas genera entre los vecinos. La falta de limpieza es evidente y, muchas veces, quienes reciben las críticas somos nosotros porque los vecinos creen que la asociación tiene capacidad para resolverlo. El problema es que, en la mayoría de los casos, ni siquiera obtenemos respuesta.

– ¿Cree que falta planificación?

– Completamente. No se trata de improvisar continuamente, sino de organizar los trabajos. Cuando esa planificación no existe, acaba transmitiéndose una sensación de abandono que desespera a los vecinos. Ahí nos encontramos muchas veces con una barrera difícil de superar.

– ¿Alguna espinita?

– Sin duda, no lograr un local para la asociación de vecinos, algo imprescindible para poder hacer las actividades e interrelacionarse.

– Usted ha trabajado con distintos gobiernos municipales. ¿Ha sido este el menos colaborador con la asociación?

– “Es difícil hacer una clasificación, porque conocí a todos los anteriores. Pero sí puedo decir que, aunque antes había menos medios, siempre encontré más apoyo y más disposición a sentarse a hablar. Con este gobierno me he sentido defraudado. Hemos echado en falta coordinación, respuesta a nuestros escritos y voluntad de cumplir algunos compromisos que se habían adquirido.”

– Durante todos estos años la asociación mantuvo una actitud muy reivindicativa. ¿Esa forma de trabajar les generó problemas?

– Sí, en muchas ocasiones. Defender los intereses de los vecinos implica, a veces, enfrentarse a las administraciones cuando entiendes que no están haciendo lo que deberían. Nosotros presentamos reclamaciones, recursos y denuncias siempre que lo consideramos necesario. Nunca fue una cuestión de enfrentarse por enfrentarse, sino de defender aquello para lo que la asociación había sido creada.

– Durante todos estos años también hubo quien identificó a la asociación con distintos partidos políticos.

– Sí, y eso nunca fue cierto. Hubo quien decía que éramos del PP y otros aseguraban que estábamos más próximos al BNG. La realidad es que siempre actuamos con absoluta independencia. Nuestro único objetivo fue defender los intereses de los vecinos. Cuando tuvimos que enfrentarnos al Concello lo hicimos; cuando hubo que reclamar a la Diputación, también; y si fue necesario presentar recursos contra la Mancomunidade o denunciar situaciones que considerábamos injustas, lo hicimos igualmente. Nunca miramos el color político de quien gobernara.

– ¿Fue difícil mantener esa independencia?

– Mucho, porque siempre hay quien intenta etiquetarte. Evidentemente, como cualquier persona, tengo mis propias ideas. Siempre he tenido una forma de pensar de izquierdas y, además, fui responsable de un sindicato. Pero una cosa son mis convicciones personales y otra muy distinta el trabajo al frente de una asociación vecinal. Desde el primer día tuve clarísimo que mi obligación era defender a los vecinos. Si para conseguir una mejora para el barrio había que sentarse a hablar con cualquier administración o con cualquier partido político, se hacía. Siempre digo lo mismo: si hubiera sido necesario “casarme con el diablo” para conseguir un beneficio para los asociados, lo habría hecho. Una asociación de vecinos no está para hacer política partidista, sino para resolver los problemas de la gente.

– ¿Algún partido le propuso dar el salto a la política?

– Sí, de todos los colores, pero ni me lo planteo. Mi compromiso siempre ha estado con el movimiento vecinal y creo que esa independencia es precisamente la mayor fortaleza de una asociación. Desde ahí puedes reclamar y exigir a cualquier administración sin deberle nada a nadie.

– En alguna ocasión habló incluso de amenazas. ¿Llegó a sentir miedo?

R. Sí hubo momentos complicados. Cuando denunciamos públicamente algunos problemas, especialmente relacionados con la contaminación de las aguas, hubo personas que me advirtieron de posibles denuncias e incluso recibí amenazas. No es una situación agradable. También vivimos momentos de mucha tensión cuando estudiamos acudir a los tribunales por determinadas actuaciones. Sabíamos que un contencioso podía suponer un coste económico muy importante para la asociación y eso nos obligó, en más de una ocasión, a renunciar a acciones judiciales que considerábamos justificadas.

P. ¿Es esa una de las mayores limitaciones del movimiento vecinal?

R. Sin duda. Las asociaciones tienen capacidad para reivindicar, para movilizar a los vecinos y para hacer propuestas, pero cuando una administración incumple sus obligaciones muchas veces la única salida es acudir a los tribunales. Y eso exige unos recursos económicos de los que normalmente no disponemos. Esa es una desigualdad muy grande, porque muchas veces tienes razón, pero no puedes defenderla hasta el final.

P. Después de tantos años de dedicación, ¿qué ha supuesto para usted esta etapa?

R. Muchísimo trabajo. En esta última etapa la presidencia ocupó prácticamente todo mi tiempo. Fueron muchas horas delante del ordenador redactando escritos, preparando documentación, hablando con técnicos, con administraciones y atendiendo a los vecinos. Mi familia me llevaba tiempo diciendo que tenía que empezar a pensar también un poco en mí. Y tenían razón.

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