El Concello y los propietarios no lograron sortear las diferencias en la reunión de este verano, mientras crece el riesgo de cierre de las parcelas privadas utilizadas como parking público
La situación urbanística de Altamira continúa sin avances concretos pese a los contactos mantenidos en los últimos meses, el último este verano, entre el Concello y los propietarios de los terrenos. Las partes han celebrado varias reuniones para tratar de buscar una salida al desarrollo de las distintas unidades de actuación, pero, por el momento, no se ha alcanzado ningún acuerdo. Uno de los principales motivos del bloqueo, según fuentes solventes conocedoras de las conversaciones, es la falta de voluntad del gobierno local para negociar una solución con los propietarios que permita desbloquear el desarrollo de la zona.
Uno de los puntos de conflicto se sitúa en la ordenación de los viales y en las condiciones de desarrollo de las unidades de actuación. Los propietarios cuestionan que se planteen nuevas conexiones viarias que afectarían a sus terrenos para resolver problemas derivados de la circulación y de los accesos existentes. Entre ellos se encuentra el acceso de vehículos pesados al entorno del supermercado Eroski, ya que, según explican, el vial debería contar con una anchura superior a la actual y sería necesario un retranqueo de parte de las instalaciones. La propuesta planteada afectaría a terrenos privados que actualmente se están utilizando como aparcamiento de uso público. Los propietarios advierten de que, si el bloqueo continúa y no se alcanza un acuerdo, la situación podría encallarse todavía más y desembocar en el cierre de estos espacios. Se trata de una posibilidad que supondría un nuevo problema para Cangas, al desaparecer de forma efectiva plazas de estacionamiento que actualmente están siendo utilizadas por vecinos y visitantes pese a encontrarse en terrenos de titularidad privada.
Mientras tanto, el foco se sitúa también en la promotora Aliseda, propietaria de la mayor parte de los terrenos, que estaría estudiando nuevas alternativas para impulsar el desarrollo de la zona y avanzar hacia la promoción y posterior venta de los aprovechamientos urbanísticos. Sin embargo, a día de hoy no existe un acuerdo cerrado con el resto de propietarios ni una solución definitiva planteada por el Concello. Tras varias reuniones, Altamira continúa en un punto muerto y el riesgo de que el conflicto derive en el cierre de los actuales espacios de aparcamiento añade presión a un municipio que ya arrastra una importante falta de plazas para estacionar.

