Uno de los cercados con cabras en el monte de Meira.

Tres cercados con cabras en la parte alta de la parroquia mantienen el monte libre de matorral como parte de una estrategia de prevención desarrollada desde hace años

La Comunidad de Montes de Meira, en Moaña, mantiene tres áreas de pastoreo en la parte alta de la parroquia para eliminar combustible vegetal de forma natural, una estrategia que complementa con bosques de frondosas, cortafuegos y desbroces preventivos. Mientras cada verano la preocupación por los incendios forestales vuelve a instalarse en Galicia, aquí tienen un aliado que trabaja los 365 días del año sin descanso: las cabras. Lejos de ser una imagen anecdótica, estos animales forman parte de una estrategia de prevención que la Comunidad de Montes Vecinales en man común lleva años desarrollando para reducir la propagación del fuego.

Diferencia entre el lugar en el que se encuentran las cabras y el resto del monte.

En la actualidad, la comunidad mantiene tres áreas de pastoreo cercadas en la parte alta de la parroquia, dos en la zona de Xaxán y una en Outeiro do Aviador. Allí, las cabras mantienen el terreno prácticamente libre de matorral, eliminando uno de los principales combustibles que alimentan los incendios forestales. “En esos cercados prácticamente no hay combustible porque las cabras lo mantienen limpio”, explica el presidente, Manuel Currás, quien subraya que esta medida no responde a una actuación puntual por el elevado riesgo de este verano, sino a un trabajo continuado que se viene desarrollando desde hace años.

La utilización del ganado se suma a otras actuaciones preventivas que la comunidad lleva décadas implantando con un mismo objetivo: dificultar el avance de las llamas. Entre ellas destaca la creación de grandes masas de frondosas autóctonas para romper la continuidad de los pinares y eucaliptales. “Si tenemos masas continuas de pinos y eucaliptos, cuando entra el fuego va a avanzar con mucha facilidad. La clave está en crear discontinuidades”, señala Currás.

De hecho, recuerda que esa apuesta comenzó incluso antes de los devastadores incendios de 2006. Ya en el año 2000 la comunidad inició la plantación de un importante bosque de frondosas, considerado hoy uno de los más destacados del Morrazo, aprovechando aquellas zonas donde las condiciones del terreno lo permitían.

A estas medidas se añaden los desbroces anuales en las franjas de protección alrededor de los núcleos de población, el mantenimiento de los cortafuegos y la limpieza de las infraestructuras contra incendios, como los depósitos de agua.

Pese a todas estas actuaciones, Currás reconoce que la preocupación sigue existiendo cada verano. “Siempre hay miedo”, admite. “Podemos hacer muy bien nuestro trabajo, pero dependemos también de lo que ocurra en los montes del entorno. Lo que buscamos es que, si el fuego llega, pueda frenarse lo antes posible. Evitar un incendio al cien por cien es imposible”. 

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