Cangas celebró este Viernes de Dolores una jornada marcada por la devoción, la tradición y una notable participación vecinal. Aunque la festividad de la Virgen de los Dolores se conmemora en el calendario litúrgico el 15 de septiembre, esta advocación mariana cuenta con un profundo arraigo en numerosas localidades, donde adquiere especial relevancia el viernes previo al Viernes Santo.
El origen de esta celebración se remonta al siglo XIII, impulsada por la Orden de los Servitas o Siervos de María, quienes promovieron la devoción a los Dolores de la Virgen. Posteriormente, en 1727, la Iglesia universal incorporó la festividad de los Siete Dolores de la Santísima Virgen María, situándola en el calendario en el denominado Viernes de Dolores, como antesala de la Semana Santa. Aunque esta celebración fue suprimida en 1969 tras el Concilio Vaticano II para evitar su duplicidad con la del 15 de septiembre, su tradición permanece viva en lugares como Cangas.
La jornada se desarrolló bajo una climatología favorable, con cielos despejados que permitieron la celebración, sin incidencias, del concierto ofrecido en el atrio de la iglesia. A mediodía, la Banda de Música Bellas Artes de Cangas congregó a numerosos asistentes, que disfrutaron de un repertorio de piezas vinculadas al tiempo pascual. El público respondió con entusiasmo, mostrando su cariño hacia una formación profundamente arraigada en el municipio.
Ya por la tarde, a las 19:00 horas, tuvo lugar la misa solemne en la excolegiata, que contó con una destacada asistencia de fieles. Durante la homilía se destacó la figura de la Virgen María como símbolo de compasión y fortaleza ante las dificultades que atraviesa la Iglesia. La celebración concluyó con la interpretación de la conocida secuencia “Stabat Mater Dolorosa”.
Como broche final, estaba prevista la procesión de la Virgen de los Dolores, una imagen datada en 1807, que recorre las calles de Cangas sobre un paso de palio. La talla, ricamente ataviada con corona y vestiduras de gala, es portada por una treintena de hombres y mujeres pertenecientes a la Venerable Hermandad de la Santísima Virgen de los Dolores y Soledad de Cangas. El conjunto procesional, iluminado por candelería y faroles, y adornado con abundante exorno floral, constituyó uno de los momentos más esperados y emotivos de la jornada, seguido por un gran número de fieles que se congregaron para acompañar a la imagen de la Dolorosa a lo largo de su recorrido.
La celebración volvió a poner de manifiesto el profundo arraigo de esta tradición en la villa, así como el compromiso de vecinos y cofrades por mantener viva una manifestación de fe que forma parte esencial de su identidad cultural y religiosa, transmitida de generación en generación.

