María, la vecina de Moaña afectada por la okupación, observando esta semana su vivienda.

María (78 años) es la dueña de la casa okupa en O Real. Desde hace un mes ve cómo destruyen los recuerdos de su familia

María nunca pensó que a sus 78 años tendría que pasar un golpe como el que lleva sufriendo un mes. Dos personas han okupado la que ha sido la vivienda familiar durante décadas en la Avenida Méndez Núñez de Moaña, donde nacieron y crecieron sus tres hijos y donde su marido, fallecido hace dos años, tenía una pequeña y reconocida carpintería. Ahí, en esa humilde casita en esquina con Fragata Villa de Madrid guardaba la historia toda una vida y, de un plumazo, sin saber por qué, unos desconocidos se han apoderado de ella y, lo peor, la están destruyendo. “No solo nos han quitado nuestra casa, sino que han profanado todos nuestros recuerdos, los de nuestros antepasados, todo, no hay derecho a esto, no puede ser que estos desarmados con numerosos antecedentes estén protegidos por la ley”, denunciaba con pena mientras la miraba desde la distancia, por precaución, y con desconsuelo, arropada por una de sus hijas y su yerno. Una rutina que repite casi a diario con la esperanza de escuchar algún día que puede volver a entrar al que fue su hogar porque “los individuos” ya se han marchado.

Desafortunadamente ese momento todavía no ha llegado y, lo peor, es vivir con la incertidumbre de no saber cuánto tendrán que esperar para logarlo mientras ve cómo destrozan cada rincón de la casa, venden todos los objetos de valor que había en el interior, incluida la maquinaria de carpintería con la que tanto había trabajado su marido, y con su pequeña pensión asume las factura de la luz “que permanece encendida día y noche”. “Total, como no la pagan ellos”, apostilla con rabia.

JUSTICIA Y RIESGOS

Desde que presentó la denuncia el pasado 30 de enero no ha vuelto a tener noticias del Juzgado. La familia es consciente de que Policía Local y Guardia Civil actuaron con contundencia desde el primer momento pese a que podían demostrar que llevaban dentro menos de 48 horas, y que están haciendo todo lo posible para mitigar la inseguridad en el barrio derivada de esta okupación y de otras narcoviviendas repartidas por el entorno, pero claramente resulta “insuficiente” si desde la Justicia no se actúa con firmeza y celeridad. Advierte: “Nosotros somos los más afectados porque nos han okupado la casa, pero el peligro está en todo el barrio, ya hubo varios allanamientos en viviendas de persona mayores que residen solas”. “No sé a qué esperan para actuar, cualquier día puede haber una desgracia y será tarde”, sentencia con impotencia “porque este sentimiento es compartido por todos los vecinos que sufren día y noche los gritos, las peleas y el mal ambiente que generan”.

Además del trapicheo de drogas, los numerosos hurtos que se están produciendo en los establecimientos de O Real y la tensión en aumento que esto genera en el barrio, junto con las provocaciones constantes de estos okupas, María alerta de que la cornisa de la casa urge ser reparada ante el peligro de despendimiento. “Tenemos ya los presupuestos, las tasas pagadas y estábamos tramitando el permiso del Concello para arreglarla pero continuamos sin poder hacerlo, ojalá no tengamos que lamentarnos y que no le pase nada a nadie porque es un riesgo para los viandantes y también para los propios moradores de la vivienda, Urbanismo conoce esta situación desde el primer momento”, pone sobre la mesa como otro efecto secundario más de esta “injusticia”.

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