La visita del presidente de las islas recupera la memoria de los marineros gallegos que hicieron de ellas su lugar de refugio y abre la puerta a una relación que mira al futuro
Hay lugares que, pese a estar separados por miles de kilómetros, terminan sintiéndose un poco cercanos. Es lo que ocurre entre Moaña y Saint-Pierre et Miquelón, dos territorios unidos durante décadas por el mar, la pesca y las historias de los marineros gallegos que cruzaron el Atlántico rumbo a Terranova. Sus representantes políticos no se conocían hasta ahora, tampoco habían tenido contacto por otras vías, sin embargo esa conexión volvió a hacerse visible ayer durante la visita del presidente de este territorio francés, Bernad Briand, al Concello de Moaña, donde fue recibido por la alcaldesa, Leticia Santos.
El encuentro tuvo algo de institucional, como corresponde a la visita de un presidente, pero también mucho de conversación cercana sobre una historia que ambas partes comparten. Santos quiso recordar que para muchas familias de Moaña y de Galicia Saint-Pierre et Miquelón fue mucho más que un punto en el mapa: fue un lugar de llegada, de trabajo y también de refugio para quienes se enfrentaban a las duras condiciones de los caladeros de Terranova. “Siempre fue una tierra de acogida y de protección”, explicó la alcaldesa, reivindicando una relación que ahora se quiere recuperar y proyectar hacia el futuro.
Y si el Atlántico ha sido históricamente el nexo de unión, el encuentro dejó claro que el idioma tampoco tenía por qué ser una barrera. Santos sorprendió por su facilidad para desenvolverse en inglés, lengua que utilizó con soltura durante la conversación, mientras seguía y comprendía las intervenciones del presidente, que se expresaba en francés. Como anécdota, la regidora incluso aprovechó para explicarle cómo funciona Galicia dentro del Estado español y qué significa el Estatuto de Autonomía, buscando paralelismos que permitieran al visitante comprender mejor la realidad gallega.
La conversación sirvió para algo más que recordar el pasado. Santos planteó que esta visita sea el comienzo de una relación más estrecha entre Moaña y Saint-Pierre y Miquelón. La idea es que haya nuevos encuentros y que, en una próxima visita, pueda prepararse con más tiempo una agenda que vaya más allá de lo institucional: encuentros empresariales, actividades culturales, charlas y propuestas relacionadas con la historia de la pesca y con los vínculos humanos que todavía existen entre ambos territorios.
Porque detrás de las grandes cifras y de los mapas hay también muchas historias personales. Durante décadas, Saint-Pierre et Miquelón fue un punto de referencia para las tripulaciones gallegas. Algunos marineros terminaron quedándose allí y formando sus propias familias; otros regresaron a Galicia después de años de campañas. “Había tanto gallego allí que se convirtió casi en una tierra nuestra”, evocó Santos al referirse a esa presencia que todavía forma parte de la memoria colectiva.
Un barco: punto de encuentro

El motivo que ha llevado al presidente hasta Moaña tiene, precisamente, mucho que ver con el mar. En la parroquia de Meira se está construyendo el barco de pasajeros que prestará servicio en Saint-Pierre et Miquelón, después de que el astillero moañés Aister se impusiera en un concurso público internacional en el que competía con propuestas de un astillero chino y otro francés.
Será un barco híbrido, con propulsión eléctrica, pensado para desempeñar una función esencial en las islas tanto para sus habitantes como para el turismo durante el verano. Pero más allá de sus características técnicas, el proyecto tiene para Moaña un componente especial: un barco que nace aquí para navegar allí, siguiendo de alguna manera la misma ruta que durante décadas hicieron los marineros gallegos.
La alcaldesa quiso aprovechar precisamente esa coincidencia para reivindicar la dimensión emocional del proyecto. Incluso bromeó con la bandera de Saint-Pierre y Miquelón, que incorpora símbolos relacionados con su pasado histórico y pesquero.
La visita terminó con un gesto sencillo pero cargado de significado: la firma del libro de honras del Concello de Moaña. Un recuerdo de un primer encuentro que ambas partes quieren que no sea el último.
Al final, quizá ese sea el verdadero significado de esta visita: que el barco que hoy se construye en Meira no sea solamente una embarcación que cruzará el Atlántico, sino también el comienzo de una nueva travesía entre dos pueblos que llevan mucho tiempo conectados por el mar.
Un país solidario con las víctimas en el naufragio del Pitanxo
Las islas de Saint-Pierre et Miquelón son muy importantes para todas las familias vinculadas almar, pero especialmente para las de las víctimas del Villa de Pitanxo, naufragado en aguas de Terranova. Tanto es así que este archipiélago de soberanía francesa situado frente a las costas de Canadá no quiso quedarse impasible ante esta tragedia y la entidad benéfica Société de Secours et des Euveres de Mer, que se remonta a 1894 con la intención de dar alivio material, moral y religioso a los trabajadores del mar y sus familias. Por este motivo, colaboró con un donativo de 500 euros a cada unidad familiar de cada una de los marineros gallegos que fallecieron en estas circunstancias. 10.000 enros en total en concepto de nómina o anticipo de nómina.
En el Pitanxo murieron 21 de los 24 tripulantes que iban a bordo de la embarcación a unas 300 millas de la costa canadiense. Las familias llegaron a reunirse con la asociación Stela Maris, vinculada a la Iglesia Católica, para asesorarse respecto a cualquier ayuda que pudieran recibir, como la que partió de esta ONG de Saint-Pierre.

