La cafetería cerrará esta tarde sin saber dónde podrán reunirse a partir de ahora para echar la partida.

Tras más de tres décadas abierta gracias al esfuerzo desinteresado de la Asociación de Jubilados, el local baja hoy la persiana al no encontrar relevo para continuar con su gestión

Hay lugares que no aparecen en las guías turísticas, pero que forman parte de la memoria de un pueblo. Espacios donde cada mañana alguien pregunta cómo ha ido la noche, donde una partida de tute puede durar horas y donde un café sirve, muchas veces, como excusa para combatir la soledad. La cafetería de la asociación de pensionistas Ariño de Aldán-O Hío era uno de esos lugares. Hoy, viernes, apagará la cafetera por última vez.

Después de más de tres décadas de actividad, la directiva de la asociación ha decidido poner fin a la gestión del local situado en el edificio anexo al centro de salud y propiedad de la Tesorería General de la Seguridad Social aunque gestionado por el Sergas. No se trata de una falta de clientes. Al contrario. Cada día son decenas las personas que cruzan su puerta desde antes del amanecer. Jubilados, vecinos de todas las edades y usuarios del centro de salud encuentran allí un café, una conversación o simplemente un lugar donde sentirse acompañados.

Los clientes, ayer, no dejaban de pensar en otro lugar donde poder tomar un café mientras juegan su partida.

El problema es otro: quienes han sostenido este espacio durante tantos años ya no pueden más. La cafetería nunca ha funcionado como un negocio al uso. Ha sido la propia directiva del club la que, de forma completamente altruista, se ha encargado de abrir y cerrar las puertas todos los días, turnándose para atender la barra mañana y tarde. Un compromiso diario que, con el paso del tiempo, ha recaído sobre cada vez menos personas.

Los responsables de la asociación, todos ellos de edad avanzada, reconocen que ha llegado el momento de dar un paso al lado. Semanas atrás convocaron una asamblea con la esperanza de encontrar vecinos dispuestos a recoger el testigo y mantener vivo este punto de encuentro. Pero nadie se ofreció. Sin relevo, la decisión ha sido inevitable.

La noticia ha caído como un jarro de agua fría. Ayer, en el penúltimo día de apertura, las mesas seguían llenas. Entre cafés, partidas de dominó y cartas, muchos compartían la misma preocupación: no es solo que desaparezca una cafetería, sino el lugar donde llevaban décadas reuniéndose. Para muchos de ellos, el centro social era casi una segunda casa. “Aquí somos como una familia, es una pena”, repetían algunos de los presentes, conscientes de que ese ritual cotidiano llega ahora a su fin.

SIN CAFETERÍAS SOCIALES EN CANGAS

El cierre deja, además, una consecuencia que va más allá de Aldán. Con esta despedida, Cangas pierde la última cafetería gestionada directamente por una asociación de jubilados. La primera en desaparecer fue la del centro social municipal. Desde entonces, el club permanece a la espera de que el Concello saque a licitación su gestión, después de que la persona que hasta ese momento atendía el servicio no pudiera continuar al frente del mismo.

Más allá del café, lo que se pierde es un punto de encuentro para una generación que ha hecho de la conversación cara a cara una forma de entender la vida. Un lugar donde jugar una partida de tute, de dominó o simplemente sentarse a hablar sin mirar el reloj.

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