Interior de la iglesia de Cangas durante la misa.

La antigua excolegiata de Cangas se convirtió ayer en un espacio de silencio y respeto en memoria de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo). La Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes amplió su tradicional funeral general de difuntos para acompañar, desde la oración y el recogimiento, a quienes sufren las consecuencias de la tragedia. Los oficios, presididos por el párroco, congregaron a numerosos vecinos que hicieron un alto en sus quehaceres para sumarse, desde la distancia y el anonimato, al dolor de los afectados. Muchas miradas se dirigían al Cristo de la Misericordia, conocido como Cristo de Difuntos y Ánimas, que presidía la nave central junto al estandarte de la entidad.

La cofradía explicó que no podía permanecer ajena a lo sucedido y quiso que el acto sirviera para que “nuestro pueblo pueda acompañar en este difícil momento a todos los que están sufriendo”. Desde la entidad recordaron además que tragedias como esta reabren el dolor de otras víctimas de accidentes ferroviarios, como las de Angrois (Santiago de Compostela) y Adamuz (Córdoba). Concluidos los servicios religiosos, la comitiva, encabezada por el Cristo de Difuntos y Ánimas, se dirigió en silencio hasta el cementerio, donde se rezaron los responsos y se depositó un ramo de flores en recuerdo de todos los fallecidos.

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