María del Carmen, propietaria de un columbario, muestra el lamentable estado de los ceniceros.

Tras el invierno, los columbarios del pequeño cementerio de Tirán han agravado su situación: su inclinación y grietas amenazan desde hace una década con hacerlos desaparecer

Los ceniceros del cementerio de la parroquia moañesa de Tirán, continúan sin solución un año después, y ya va una década desde que sus propietarios comenzaron a pensar en que era necesaria una actuación para evitar que estas construcciones y los restos de sus seres queridos pudieran acabar en la playa. Y, lo peor, es que no solo no se han podido restaurar sino que, por el paso del tiempo, su situación se agrava día tras día. En un invierno tan duro como el pasado, con numerosos temporales que han azotado estas construcciones cada vez más inclinadas, agrietadas por las que puede verse el mar y cubiertas de maleza mostrando un claro aspecto de abandono.

Sin embargo, esto no es así. Dueños de los columbarios como María del Carmen Estévez reclaman «a quien corresponda» que se permita su arreglo, su refuerzo para frenar el impacto del mar y se respete la memoria de todas las personas que descansan en ellos. En su caso lo cuida como si el riesgo y la imagen fuesen solo una anécdota, pero es consciente de que esta hilera que pega al mar del camposanto más conocido del sur de la provincia de Pontevedra gracias a la obra de Domingo Villar urge implicación inmediata antes de que sea tarde. «Cedieron tanto que la puerta ya no cierra», demuestra esta vecina.

Algunas familias han optado por trasladar las urnas hasta otros camposantos como el de Trigás por precaución. Otras, se lo están pensando. Hacerlo supondría tener que pagar y sumar un gasto más a la economía apretada. Y hay quien de momento, a la espera de lo que pudiese ocurrir, con la esperanza de que el arreglo llegue, están de prestado en nichos próximos.

El párroco de Tirán y de Moaña, José Luis Muñiz, lleva desde hace unos diez años tramitando permisos para poder ejecutar un proyecto de reforma que en principio no resultaba complicado. Consistía en construir una nueva hilera de columbarios guardando distancia del mar, pero esta opción parece que también se habría descartado, cuenta María del Carmen, por falta de espacio.

La protección de todo su entorno, en el que se encuentra la iglesia románica del siglo XIII, una de las joyas arquitectónicas de la comarca, y su ubicación litoral, requiere autorización de distintas administraciones.

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