La propietaria logró entrar en ella a eso de las 22:00 horas después de casi dos meses luchando por recuperarla. La vivienda está sucia, desordenada y desprende un olor irrespirable
«Estoy feliz», manifestaba María, la propietaria de la vivienda okupada en la calle Méndez Núñez del barrio de O Real de Moaña. Tras casi dos meses sin poder entrar a la casa familiar, ayer por fin pudo cruzar el umbral de la puerta de acceso, aunque con el corazón encogido por el estado en que ya preveía encontrarse el que fue su hogar y de toda su familia durante décadas. Acompañada de sus hijas, de vecinos y de Morrazo Noticias, María tuvo el valor de adentrarse en la casa del horror. Durante su breve recorrido no dejó de escandalizarse por el escenario.
El olor era nauseabundo, excrementos por el suelo, basura por doquier, ropa tirada por cualquier rincón y suciedad, mucha suciedad, y también muchos restos de haber consumido droga en su interior. Muebles completamente rotos, puertas colgando y falta de maquinaria pesada que la propiedad guardaba en el pequeño taller de carpintería de la planta baja.
Sin embargo, este escenario al que la familia tendrá que hacer frente cuanto antes para de la vivienda vuelva a ser lo que era, no nubló la cierta tranquilidad que le aportaba haber recuperado su casa. Gracias a una ardua negociación con la mediadora, también vecina del barrio de O Real, Mónica Chaves, la pareja de okupas decidió aceptar la oferta económica de 50 euros y comida y abandonar la vivienda. No sin antes firmar ante la Guardia Civil un documento en el que comprometían a irse. En torno a las 22:00 horas, y después de una larga espera en la calle en una tarde en la que temieron que el fuego acabase calcinando el inmueble, la propiedad logró entrar en su casa e instalar una alarma para prevenir nuevos intentos de okupación.

