El okupa delante de la vivienda en la que reside desde noviembre.

Responde a las quejas de los vecinos asegurando que no se dedica al tráfico de drogas y niega peleas o ruidos

Prefiere no dar su nombre de pila, pero sí el mote por el que los más allegados se dirigen a él en Cangas: Deivy. Apenas tiene 22 años y desde hace uno vive de okupa en un chalé de la calle Andiás de Cangas, a pocos metros de la Avenida da Coruña. Sus vecinos le acusan de conductas poco apropiadas y de alterar la tranquilidad del barrio, algo que él niega y que achaca a la “envidia” que le tienen por haber conseguido residir en una vivienda de alto valor económico a tan corta edad. “Soy joven, vivo bien, no son un tirado, ando bien vestido y siempre me vieron con buenos coches, eso despierta envidia”, explicaba a Morrazo Noticias en la puerta de la vivienda propiedad de un banco que asegura que él mismo asegura que ha “arreglado con mis propias manos”.

Deivy vive en esta casa con su pareja y su hijo menor desde el pasado mes de noviembre. Anteriormente lo hacía con sus familiares “pero a mi siempre me gustó buscarme la vida” y por terceras personas llegó a sus oídos que la propiedad estaba cerrada. “Yo entré porque sabía que era del banco”, defendía, “podía haber entrado en cualquier otra vivienda, pero no quise fastidiar ni molestar a nadie. Yo me pongo en la piel de quien tiene una casa, aunque no la use, y no me gustaría que nadie la okupase”. “No me siento orgulloso de ser okupa pero es que no me queda otra ¿Qué hago?», se preguntaba este joven que se busca la vida vendiendo coches de alta gama alegando que en cualquier otro empleo lo tendría mucho más complicado porque “los sueldos en España soy muy bajos”. Asegura que no utilizó la violencia para poder acceder, solo saltó el muro que ya estaba “caído” y se adentró por una puerta que se encontraba abierta. Después, sí, cambió las cerraduras. 

De todo lo que le acusan los vecinos, asegura que lo que más le duele es que lo señalen por tráfico de drogas. Considera que “es un tema muy serio” y que lo hacen por “maldad”. Defiende que “no me conocen, no están dentro de mi casa, me quieren echar porque sí pero yo no molesto a nadie”. Está tranquilo, está convencido de que la ley está de su lado y que no podrán lograr su propósito. Sé que es complicado echarme de aquí por la estrategia que tengo, hay muchas leyes y conozco mis derechos. Antes de hacer algo hay que informarse y yo lo hice», desvela, al tiempo que advierte a quien le critica que “por orgullo, me quiero quedar aquí para siempre”.

Presencia de Policía Local y Guardia Civil 

Deivy defiende que en la casa solo viven tres personas: él, su pareja y su hijo. Sin embargo, los vecinos insisten en que son más y refieren el trasiego de personas que ven entrando y saliendo. Pese a que también lo niega el acusado, desde el entorno afirman que son habituales las peleas, el ruido y las fiestas a horas intempestivas. La Policía Local confirma que se ha trasladado en varias ocasiones hasta esta calle Andiás alertados por el vecindario. “La Policía ha venido muchas veces para ver qué tal estoy, a visitarme sin más, siempre me porté bien y tengo buena relación con ellos”, declaraba el joven sin ruborizarse.

Sobre los suministros de agua y luz, afirma que se abastecen de un pozo que hay en la vivienda y la electricidad la tienen gracias a la “inversión” en tecnología. “Ilegal creo que no tengo nada, solo la casa”.

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