Hoy se cumplen dos meses del desprendimiento sobre una parcela y una vivienda que estaba siendo reformada en la parroquia de San Martiño. Este vecino de Meira, tras varias intervenciones quirúrgicas, continúa en el hospital
A Feliciano Rodríguez la vida le frenó en seco el pasado 11 de febrero a sus 73 años pero también le dio una segunda oportunidad que está dispuesto a aprovechar al máximo. Son las dos aristas de una misma realidad que aquella jornada alarmó no solo a sus seres queridos, pero también a vecinos, Concello y la propia Xunta. Fue la víctima del desprendimiento del talud de la autovía do Morrazo (AG-46) sobre una propiedad privada en Xalde, en la parroquia de San Martiño, en Moaña. Sobre él cayeron toneladas de piedra y de tierra hasta dejarlo totalmente inmovilizado y malherido. Desde aquella fatídica mañana en la que acudió a la vivienda de su amigo Lucas Cabaleiro para darle algunos consejos en la reforma de su pequeña vivienda permanece ingresado en el hospital Povisa de Vigo con severos problemas en una pierna. Ya ha tenido que ser intervenido en varias ocasiones y en los próximos días volverá a pisar el quirófano nuevamente para un nuevo injerto. «Fue mucho», define este vecino de la parroquia de Meira lo que vivió con tal positividad que quien no conozca lo sucedido puede caer en el error de pensar que es fruto de la exageración.
De ninguna manera, y pese a su carácter alegre, Feliciano es consciente segundo a segundo de lo que ocurrió y todavía postrado en la cama del hospital y con las heridas abiertas da gracias porque la suerte le acompañara, al menos en parte en este incidente. «Tenía que estar muerto ahora mismo, pero afortunadamente todo lo que de allí bajó no logró cogerme entero por nada», cuenta a Atlántico asegurando que estuvo consciente «en todo momento». «Llevaba como una hora allí y de repente sentí como un trueno, miré para arriba y en ese momento todo me arrastró», tiene grabado para siempre. Sobre si se podía haber evitado, es tajante: «Para nada, eso no lo esperaba nadie» porque «de haberlo sospechado no hubiese ido».
Feliciano tiene asumido que todavía le quedan varias semanas bajo supervisión médica en Vigo. «Es un buen enfermo», dice su familia, que aguarda tenerlo en casa cuanto antes y poner fin a un sufrimiento y trasiego que hoy cumple dos meses.

