La caída de una rejilla de grandes dimensiones esta semana en una zona de entrenamiento, las numerosas goteras con las que conviven y el estado crítico de la nave preocupa a la directiva y al centenar de familias
La caída de una rejilla de hierro de unos cinco metros esta semana ha sido la gota que ha colmado un vaso que ya estaba a rebosar en el Club de Remo Vila de Cangas. El deterioro de la nave en la que entrena la cantera ha llegado a tal extremo que la directiva teme que pueda ocurrir un accidente grave. Accidente que consideran totalmente evitable si el Concello de Cangas, concesionario de las instalaciones y responsable de su mantenimiento, cumple con su obligación de conservar el recinto en unas condiciones dignas y seguras para el centenar de niños, jóvenes y adultos que cada día entrenan en la sede del club. Afortunadamente esa rejilla se vino abajo por la mañana porque de haber sido por la tarde habría caído sobre los pequeños que se forman como patrones en el foso.


Lejos de ser un hecho aislado, lo cierto es que es un suma y sigue. Cuentan con más cubos que ergómetros colocados estratégicamente bajo cada gotera, el óxido de la estructura de hierro que soporta la plante superior es evidente y rápido dada la cantidad de agua que soporta, especialmente en los dos últimos años. Se respira humedad y los recipientes que habían adquirido en las últimas semanas para educar a los deportivas en reciclaje no pueden hacer su función porque se han visto obligados a utilizarlos como recipientes para el agua. “El año pasado una niña se resbaló por las escalera por el agua y rompió tibia y peroné», explica desesperado su presidente, Juan Carlos Mouzo, que no ha cesado en su empeño de revertir la situación reuniéndose en varias ocasiones con representantes del gobierno local para advertirle de las consecuencias que puede tener su inacción. La última este miércoles pero sin resultado. “Nos dicen que no hay dinero”, manifiesta visiblemente molesto porque “la prioridad del Concello no sea la seguridad de las personas y de los deportistas de un club que sufraga con fondos propios todas sus necesidades”. “Hace solo unos meses compramos cuatro ergómetros que os costaron más de 5.000 euros y se están estropeando por el agua”, describe con impotencia para agradecer a los padres que desinteresadamente colaboran en remendar los desperfectos. Ningún operario municipal fue a colocar la rejilla esta semana, nuevamente fue un progenitor el que dedicó su tiempo y sus conocimientos para colocarla. Otra ventana está apuntalada y amenaza con caer a la calle. “¿Quién se va a hacer responsable si ocurre una desgracia?», se preguntan desde la directiva.

Pero hay más. En caso de incendio, la revisión de los extintores caducó hace seis años de manera que “¿quién garantiza que funcionen si fuese necesario? ¿Quién asumiría la pérdida de todo el material que tenemos guardado en la nave (barcos, remos, furgoneta, maquinaria…) que tanto esfuerzo nos supone adquirir y tenerla a punto para poder competir?”, cuestiona el presidente avalado por el resto de responsables.
La nave de este club de remo cangués está situada en terreno propiedad de Portos de Galicia pero existe un convenio de concesión vigente con el Concello que obliga a la administración local a hacerse cargo de las instalaciones

