Antonio Ogando, de 39 años, estaba convencido de que ayer entraría en prisión tras haber sido acusado de agredir a su pareja, Mercedes M.S. pero, para su sorpresa y la de muchos otros, quedó en libertad. La supuesta víctima se negó a presentar denuncia, la Fiscalía tampoco acusó y él se negó a declarar, por lo que se decretó el sobreseimiento del caso y Ogando abandonó los Juzgados de Cangas tan solo dos horas después de que la Guardia Civil lo trasladase allí para prestar declaración ante el juez tras ser detenido el lunes por violencia de género.
Con semblante tranquilo, reconocía a Morrazo Noticias que, efectivamente, este lunes la pareja había discutido cuando se encontraba en el interior de una vivienda en la que duermen desde hace unos días ubicada en la Finca Pazó, a pocos metros de la guardería A Galiña Azul, pero niega que fuese su novia la que alertó a la Policía Local. “Una trabajadora de la Galiña me denunció por malos tratos, Mercedes desmintió todo y me absolvieron», relató a este periódico confirmando que continúan siendo pareja. Precisamente ella estuvo ayer esperándolo a las puertas del edificio judicial para darle un bocadillo.
De nuevo en la calle, el futuro de ambos continúa siendo incierto. Antonio reconoce que “no sabemos dónde vamos a ir a vivir, dónde nos acogerán» y admite que “por un lado lo estamos haciendo mal, pero por el otro no nos queda otra solución para ir tirando”. Asegura que tienen ingresos pero que son “insuficientes” dadas sus adicciones. ”Soy toxicómano desde los 14 años, tengo una vida muy complicada», admitió. Tras okupar dos viviendas e intentarlo en otras afirma que han dormido “en la acera con mantas, también “sobre cartones”.
Sobre el historial delictivo que le atribuyen, acepta que “parte de las cosas son verdad pero muchísimas otras son mentira”. «De vez en cuando cometo algún delito para vivir pero si por hacer un hurto tengo que ser culpable de cinco o diez no es justo», opina, al tiempo que considera que esta “mala reputación” ha provocado que la gente «nos hostigue para que nos pongamos de mal humor». Se niega a entrar en un centro de desintoxicación pero sí se mostró dispuesto a acudir a la UAD de Cangas para que le suministren metadona.

