Los jugadores alertan de que si no se arregla alguien va a sufrir una lesión grave. Lleva así medio año y el Concello lo sabe
Las instalaciones deportivas de Rodeira, en Cangas, no presumen de buena salud. Lo llevan advirtiendo los clubes que disputan en ellas sus partidos, ya sea de fútbol como de tenis, también los padres de los niños que en sus ratos de ocio aprovechan para echar una ‘pachanguita’ con los amigos. Sin embargo, la degradación ha ido a más en los últimos seis meses hasta el punto que llega a ser peligrosa para los usuarios. Hace algo más de medio año que el campo más próximo a la playa de Rodeira cuenta con rotos que ya se han convertido en socavones, el más preocupante es el que está situado justo delante de una de las porterías. Lo que empezó como una rozadura del césped artificial provocada por su mal estado a consecuencia del paso del tiempo ha pasado a ser un agujero de medio metro de diámetro y de 10 centímetros de profundidad, algo que ha llevado a la plantilla a lanzar un grito de auxilio antes de que sea tarde. «Te entierras», afirman los jugadores del Kenyata alertando de que «cualquier día alguien se va a dejar una pierna allí, no solo los jugadores sino también los niños que utilizan el campo, cualquiera». «Ya hubo algún susto», apostilló la plantilla.
Por este motivo, este jueves no dudaron en hacer receso en el entrenamiento para mostrar el estado y expresar el malestar interno de los socios por la degradación de las instalaciones municipales. A pesar de que el club, explican, mantiene informado al concelleiro de Deportes, Eugenio González, semanalmente de todas estas deficiencias, “nunca manda a nadie para arreglarlo”, informan a este medio. La impotencia es tal que incluso el club ha llegado a ofrecerse para sufragar algún remiendo que palíe la fochanca, pero “nos dicen que no”. Mientras tanto, dos personas han sufrido esguince de tobillo por pisar dentro del hoyo.
A este “desastre” se suma, cuentan los jugadores, la falta de limpieza y el fuerte olor. “Cada lunes nos encontramos con excrementos de perros, con toneladas de pipas, basura y orines de animales y de personas”, describen mientras muestran fotografías que así lo demuestran quejándose de que son ellos quienes se ven obligados a retirarlo “por higiene”.
Desde hace unos meses el Concello ha dejado de cerrar las instalaciones por las noches y abrirlas por la mañana, como se había comprometido tras el conflicto, lo que ha incrementado los daños y la suciedad en el terreno de juego.

