Casa Torres, en Vilaboa, es uno de los pocos hogares de la comarca de O Morrazo que mantiene esta tradición, aunque la familia es consciente de que acabará perdiéndose
En una sociedad que vive continuamente amenazada por los virus, el peligro de los alimentos transgénicos y el escalofrío que sufre el bolsillo cada vez que llenamos el carrito de la compra, lo tradicional todavía se impone en algunos hogares. Como en Casa Torres, en la parroquia de San Adrián de Cobres de Vilaboa. Estos días están siendo ajetreados, como cada año desde hace incontables generaciones, aprovecharon la bajada de temperaturas para hacer la matanza del cerdo. “No hay uno que renunciemos a ella, para nosotros es casi una obligación, pero es normal que se pierda porque se exige una profesionalización que antes no era necesaria ”, explicaba Jesús Couñago mientras trataba de limpiar al animal raspándole la piel al marrano ayudado por una bombona de butano para quemarle el pelo sin dañar la corteza.
Él es de los pocos que quedan en la parroquia con maña para ‘depilar’ al cerdo en pocos minutos antes de colgarlo para facilitar su despiece. Con ‘setenta y tantos’ y ayudado de un buen amigo extrae jamones, lomos, panceta, costillas y todo lo demás. Como dice el refrán, ‘del cerdo se aprovechan hasta los andares’ y en Casa Torres lo cumplen a rajatabla. Cada parte tiene su propio uso culinario y puede ser procesada de diversas maneras. Tras un mínimo de 24-48 horas en adobo, llegará el momento de embutir los chorizos y salchichones que se consumirán el resto del año. “Esa carne está criada por nosotros, sabes lo que comes, es sano, y no la que compras en el supermercado que a saber de dónde viene”, referían Couñago y los compañeros que debatían sobre el asunto señalando las tinas preparadas para recibir el aliño. Los mismos que son conscientes de que la matanza durará tanto en esta casa y en otras como lo hagan los mayores que viven en ellas. “Los más jóvenes no quieren estas cosas, prefieren ir a comprarlo porque da mucho trabajo, la vida ha cambiado mucho”, confesaba Couñago, aunque tirando de ironía: “pero lo bueno les sigue gustando, eh?”.
En Casa Torres aguantarán mientras puedan y ya piensan en volver a ocupar la cuadra

