Una empresa de O Porriño habría adquirido hace algo más de un mes la deuda de la Sareb y negocia con la propiedad el permiso para proceder al desalojo y al cierre del inmueble
El edificio okupado de la calle Atranco, en el interior del cual han muerto ya dos personas, continúa siendo propiedad de la promotora Madajuncal S.L., una sociedad mercantil de Cangas que en 2009 entró en concurso de acreedores. Tras aquel proceso, la deuda fue adjudicada a la Sareb, el conocido como «banco malo», pero hace apena un mes, dos como máximo, esta situación ha cambiado.
Según han confirmado fuentes solventes, tras años en el limbo bajo la idea errónea de que se trataba de un activo bancario en su totalidad, hace algo más de un mes una empresa adquirió la deuda a la Sareb. Sin embargo, la titularidad del edificio no ha cambiado: sigue siendo de la promotora a la espera de que se celebre la subasta judicial.
La nueva sociedad, en la que uno de los socios es una inmobiliaria de O Porriño, estaría negociando con Madajuncal la autorización para desalojar el edificio y proceder a su cierre, una medida que pondría fin a la situación de inseguridad que se vive en su interior.
No obstante, mientras no se resuelva la subasta, que tendrá lugar próximamente, y se produzca la adjudicación, en caso de que así sea, la nueva empresa carece de autoridad y de capacidad legal para actuar sobre el inmueble, por lo que cualquier intervención dependería del acuerdo con la propietaria o de la adquisición de la empresa que lo tiene entre sus bienes.
CRISIS INMOBILIARIA
La quiebra de Madajuncal se produjo en los primeros años de la crisis inmobiliaria, cuando numerosas promotoras de toda España se vieron arrastradas por el desplome del sector. La Sareb se creó en 2012 para gestionar los activos y deudas inmobiliarias que las entidades financieras rescatadas no podían asumir, y desde entonces ha sido titular de miles de inmuebles y créditos de este tipo en todo el país. Fue lo que le ocurrió a este inmueble de Cangas que desde hace ya varios años trae de cabeza a los vecinos y a las fuerzas de seguridad.
En el caso del edificio de Atranco, el paso del tiempo ha traído abandono y ocupación. El edificio se ha convertido en un foco de inseguridad para el entorno, con tráfico y consumo de drogas en su interior según las fuentes consultadas, y ha sido escenario de dos fallecimientos Es habitual ver cómo adultos, pero también menores de edad acceden a su interior a comprar y consumir estupefacientes a plena luz del día.

